La arquitectura, como cualquier disciplina técnica con siglos de desarrollo, ha acumulado un vocabulario especializado propio, en el que muchos términos de uso cotidiano adquieren un significado más preciso —o directamente distinto— al que tienen en el lenguaje común.
Términos estructurales básicos
- Arco: estructura curva que salva un vano transmitiendo las cargas hacia los apoyos laterales mediante esfuerzos de compresión, en lugar de flexión.
- Bóveda: la extensión tridimensional del principio del arco, empleada para cubrir un espacio en lugar de un simple vano.
- Pilastra: un pilar de sección rectangular adosado a un muro, con función tanto estructural como decorativa.
- Contrafuerte: elemento estructural que refuerza un muro desde el exterior, absorbiendo los empujes laterales que este no podría soportar por sí solo —un elemento característico, entre otros estilos, de la arquitectura gótica.
Términos de composición y estilo
- Fachada: la cara exterior principal de un edificio, habitualmente la de mayor tratamiento decorativo y compositivo.
- Frontón: remate triangular (o, en variantes posteriores, curvo) situado sobre un pórtico o una puerta, de origen en la arquitectura clásica griega y romana.
- Cornisa: elemento saliente que corona horizontalmente un muro o un edificio, con función tanto decorativa como de protección frente al agua de lluvia.
Por qué un glosario propio es necesario
Manejar con precisión este vocabulario técnico no es una cuestión meramente académica: permite describir un edificio, un proyecto o un estilo arquitectónico con el nivel de precisión que la disciplina exige, evitando ambigüedades que en el lenguaje coloquial resultarían aceptables, pero que en un plano técnico o en un análisis histórico del estilo de un edificio pueden llevar a interpretaciones erróneas sobre su estructura o su filiación estilística real.
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