La Rabia

La rabia es una de las zoonosis virales conocidas más antiguas, y también una de las más letales: una vez que aparecen los síntomas clínicos, la enfermedad es prácticamente siempre mortal, con una letalidad cercana al 100% en ausencia de tratamiento preventivo previo a la aparición de síntomas.

El virus y su transmisión

Está causada por virus del género Lyssavirus, de los cuales el virus de la rabia clásico es el más extendido a nivel mundial. Se transmite principalmente a través de la saliva de un animal infectado, casi siempre por mordedura, aunque también es posible el contagio por el contacto de saliva infectada con una herida abierta o con las mucosas. En la mayoría de los países, los perros siguen siendo la principal fuente de transmisión a humanos a escala global, mientras que en algunas regiones —incluida buena parte de América— los murciélagos y otros mamíferos silvestres desempeñan un papel epidemiológico relevante.

Del contagio a los síntomas: un periodo crítico

Tras la exposición, el virus avanza desde el punto de la mordedura hacia el sistema nervioso central a través de los nervios periféricos, un proceso que puede tardar desde varios días hasta varios meses según la localización de la herida y la cantidad de virus inoculada. Este periodo de incubación, durante el cual la persona no presenta aún síntomas, es la ventana de oportunidad en la que la profilaxis post-exposición —vacuna e inmunoglobulina antirrábica, aplicadas cuanto antes tras una posible exposición— resulta prácticamente siempre eficaz para evitar que la enfermedad llegue a desarrollarse.

Por qué la prevención lo es todo

A diferencia de la mayoría de las enfermedades infecciosas graves, la rabia no dispone de un tratamiento eficaz una vez que aparecen los síntomas neurológicos. Por ello, la estrategia frente a la rabia se centra casi exclusivamente en la prevención: vacunación de perros y otros animales domésticos, control de la fauna silvestre reservorio, y la administración inmediata de profilaxis post-exposición ante cualquier mordedura de un animal con riesgo de estar infectado, sin esperar a confirmar el diagnóstico.