El cáncer de estómago agrupa varios tipos de tumores malignos, de los cuales el adenocarcinoma gástrico —originado en las células glandulares de la mucosa— es, con diferencia, el más frecuente, seguido a mayor distancia por los linfomas gástricos, los leiomiosarcomas y los tumores de células endocrinas.
Factores de riesgo
La investigación epidemiológica apunta a que los factores ambientales tienen un peso mayor que los puramente hereditarios en el desarrollo del cáncer gástrico, aunque ambos están implicados. Entre los factores de riesgo mejor establecidos se encuentran:
- La infección crónica por Helicobacter pylori, reconocida como el factor de riesgo individual más importante para el adenocarcinoma gástrico.
- La dieta rica en alimentos ahumados, en sal y en conservantes nitrogenados, y pobre en frutas y verduras frescas.
- El tabaquismo.
- Determinadas lesiones precursoras, como la metaplasia intestinal de la mucosa gástrica y la gastritis atrófica crónica, que aumentan el riesgo de progresión hacia el cáncer con el paso de los años.
- Antecedentes familiares y determinados síndromes hereditarios, en una minoría de los casos.
Por qué suele diagnosticarse en fases avanzadas
Uno de los grandes retos clínicos del cáncer gástrico es que, en sus fases iniciales, con frecuencia no produce síntomas específicos —molestias digestivas vagas, fácilmente confundibles con una dispepsia común—, lo que retrasa el diagnóstico en muchos casos hasta que la enfermedad está más avanzada. Esta es la razón por la que el seguimiento y tratamiento erradicador de la infección por H. pylori, así como la vigilancia endoscópica de las lesiones precursoras conocidas, se consideran estrategias relevantes de prevención en las personas con mayor riesgo.
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