Don Quijote de la Mancha

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, publicada en dos partes (1605 y 1615) por Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), es considerada de forma casi unánime la primera novela moderna de la literatura universal, y sigue siendo la obra más traducida y editada de la lengua española después de la Biblia.

Un hidalgo que decide ser caballero andante

La novela presenta a Alonso Quijano, un hidalgo de mediana edad, de escasos recursos y gran afición a las novelas de caballerías, cuya obsesión por esas lecturas lo lleva a perder el juicio y a decidir convertirse él mismo en caballero andante bajo el nombre de Don Quijote de la Mancha. Junto a su escudero Sancho Panza —un labrador pragmático que funciona como contrapunto cómico y realista a los ideales del hidalgo—, Don Quijote recorre los caminos de La Mancha protagonizando aventuras en las que confunde molinos de viento con gigantes, rebaños con ejércitos y posadas con castillos, siempre interpretando la realidad a través del filtro de los libros de caballerías que ha leído.

Por qué se considera la primera novela moderna

La innovación de Cervantes no reside solo en la comicidad de las aventuras de Don Quijote, sino en la complejidad narrativa con la que están construidas: el propio Cervantes presenta la obra como la traducción de un manuscrito de un supuesto historiador arábigo, introduce múltiples niveles de narración y, de forma especialmente influyente, hace que los personajes de la segunda parte (1615) hayan leído ya la primera parte (1605), publicada diez años antes —un juego metaliterario extraordinariamente adelantado a su época, que reflexiona sobre la propia naturaleza de la ficción y de la fama literaria del protagonista dentro de la propia novela.

Locura, idealismo y una lectura que ha cambiado con el tiempo

La interpretación de la novela ha variado sustancialmente a lo largo de los siglos: leída inicialmente sobre todo como una obra cómica, satírica de las novelas de caballerías entonces de moda, el Romanticismo del siglo XIX la reinterpretó como una defensa trágica del idealismo frente a un mundo prosaico y materialista, una lectura que ha influido de forma decisiva en cómo se entiende hoy la figura del “quijotesco”: alguien cuyos ideales, por nobles que sean, chocan de forma reiterada con una realidad que se niega a acomodarse a ellos.

Una influencia que trasciende la literatura en español

Más allá de su papel fundacional en la literatura hispánica, el Quijote es citado habitualmente como precursor directo de la novela moderna europea en su conjunto: su combinación de realismo, ironía, complejidad narrativa y profundidad psicológica de los personajes marcó un antes y un después en la forma de entender qué podía hacer una obra de ficción en prosa.