La estrategia es uno de esos conceptos que se usan constantemente en el mundo empresarial sin que exista un acuerdo unánime sobre su definición precisa. Buena parte de la literatura sobre el tema coincide, sin embargo, en un punto de partida útil: la estrategia surge del conflicto —de intereses, de recursos, de objetivos— entre distintos actores, y no simplemente de la planificación aislada de uno solo de ellos.
Un origen militar
El término tiene un origen militar explícito, y buena parte de su vocabulario técnico procede de ese campo. El general prusiano Carl von Clausewitz (1780-1831), uno de los teóricos de la guerra más influyentes de la historia, estableció una distinción que sigue empleándose hoy en el ámbito empresarial: la estrategia es el uso de los enfrentamientos particulares (las «batallas», en su terminología original) para alcanzar el objetivo general de la guerra, mientras que la táctica es el uso de las fuerzas dentro de cada enfrentamiento concreto. Trasladada al mundo empresarial, esta distinción separa las decisiones de alto nivel que definen hacia dónde se dirige una organización (estrategia) de las decisiones operativas del día a día que ejecutan ese rumbo (táctica).
Del campo de batalla al mercado
La incorporación del vocabulario y los marcos de análisis militares a la gestión empresarial no es casual: ambos campos comparten una estructura de fondo —actores con objetivos parcialmente contrapuestos, recursos limitados, incertidumbre sobre las decisiones del adversario o competidor— que hace que herramientas conceptuales desarrolladas originalmente para la guerra resulten trasladables, con las adaptaciones necesarias, al análisis de la competencia entre empresas.
Por qué la definición sigue siendo un tema abierto
La proliferación de escuelas de pensamiento estratégico —desde los enfoques centrados en la planificación formal hasta los que enfatizan la estrategia como un patrón emergente de decisiones no completamente planificadas— refleja precisamente esta falta de consenso: la estrategia se puede entender como un plan deliberado, como una posición competitiva deseada, como un patrón de comportamiento observado a posteriori, o como una perspectiva compartida dentro de una organización, y cada una de estas definiciones pone el foco en un aspecto distinto de un mismo fenómeno complejo.
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