Tarragona es la más meridional de las cuatro provincias catalanas, situada a lo largo de la costa mediterránea entre las provincias de Castellón y Barcelona. Con una superficie de algo más de 6.300 km², combina un litoral extenso —sus playas son uno de sus rasgos geográficos más característicos— con el curso final del río Ebro, el más caudaloso de la península ibérica, que desemboca en su territorio formando un extenso delta.
La capital y las ciudades principales
La ciudad de Tarragona, capital de la provincia, se sitúa en la desembocadura del río Francolí y conserva un patrimonio romano de primer orden —fue la antigua Tarraco, capital de la provincia romana Hispania Citerior—, reconocido hoy por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Otras ciudades relevantes de la provincia son Reus, con una notable tradición industrial y comercial, y Tortosa, situada en el curso bajo del Ebro, próxima al delta.
El delta del Ebro: un ecosistema singular
El delta del Ebro, formado por los sedimentos que el río deposita en su desembocadura a lo largo de milenios, constituye uno de los humedales más importantes del Mediterráneo occidental, con un valor ecológico reconocido que convive con un intenso aprovechamiento agrícola —es una de las principales zonas productoras de arroz de España— y una notable actividad turística y pesquera.
Una economía diversificada
La provincia combina un sector turístico costero muy desarrollado —la Costa Daurada es uno de los destinos vacacionales tradicionales de Cataluña— con un importante polo petroquímico e industrial en torno a Tarragona capital, y una agricultura tradicional centrada en el viñedo, el olivo y los frutos secos en el interior de la provincia, lo que le da una estructura económica más diversa que la de un territorio dependiente de un único sector.
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