El colon y el recto forman el tramo final del tracto digestivo —conocido en conjunto como intestino grueso— y su función principal es absorber agua de los residuos ya digeridos por el estómago y el intestino delgado, y almacenar la materia de desecho hasta su eliminación. El cáncer que se origina en cualquiera de estos dos tramos se agrupa bajo el término cáncer colorrectal.
Magnitud del problema
Según las estimaciones más recientes de la Sociedad Americana del Cáncer, el cáncer colorrectal es el segundo cáncer con mayor mortalidad en Estados Unidos (por detrás del cáncer de pulmón), y el más frecuente entre los adultos menores de 50 años. Un dato que ha llamado la atención de la comunidad médica en los últimos años es la tendencia divergente entre grupos de edad: mientras la incidencia ha ido descendiendo en personas mayores de 65 años —en buena medida gracias al cribado—, ha aumentado de forma sostenida entre los 20 y los 49 años, un fenómeno todavía en estudio.
Detección precoz: la clave del pronóstico
Cuando el cáncer colorrectal se detecta y trata en una fase temprana, la tasa de curación es considerablemente más alta que cuando se diagnostica en fases avanzadas. Esto explica la importancia clínica que se otorga a los programas de cribado poblacional —mediante colonoscopia o pruebas de detección de sangre oculta en heces, según el protocolo de cada sistema de salud—, dirigidos a detectar tanto tumores en fase inicial como pólipos precancerosos, cuya extirpación puede prevenir directamente la aparición del cáncer.
Factores de riesgo conocidos
Entre los factores de riesgo mejor establecidos se encuentran la edad, los antecedentes familiares y determinados síndromes hereditarios, la enfermedad inflamatoria intestinal de larga duración, y factores relacionados con el estilo de vida como el consumo de carnes procesadas, el sedentarismo, el tabaquismo y el consumo elevado de alcohol.
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