En términos médicos y farmacológicos, una droga es toda sustancia que, al ser introducida en un organismo vivo, es capaz de modificar una o más de sus funciones. En el uso común del término suele referirse en particular a las sustancias psicoactivas, que actúan sobre el sistema nervioso central alterando la percepción, el estado de ánimo o la conciencia.
Clasificación general
Las sustancias psicoactivas suelen clasificarse según su efecto predominante sobre el sistema nervioso central: depresoras (que reducen su actividad, como los opioides o las benzodiacepinas), estimulantes (que la aumentan, como la cafeína o la cocaína) y perturbadoras o alucinógenas (que alteran la percepción sin un efecto claramente depresor ni estimulante, como el LSD).
Uso terapéutico y uso no terapéutico
Muchas sustancias con potencial psicoactivo tienen aplicaciones médicas legítimas y reguladas —analgésicos opioides para el dolor severo, estimulantes para ciertos trastornos de atención—, mientras que su consumo fuera de indicación médica, o el de sustancias sin uso terapéutico reconocido, plantea riesgos que varían según la sustancia, la dosis, la frecuencia de uso y factores individuales.
Dependencia y salud pública
El uso continuado de ciertas sustancias puede generar tolerancia (necesidad de dosis crecientes para lograr el mismo efecto) y dependencia física o psicológica. Por esta razón, el abordaje del consumo problemático de drogas se aborda hoy, en la mayoría de los sistemas de salud, como una cuestión de salud pública que combina prevención, tratamiento y reducción de daños, más que como un asunto exclusivamente punitivo.
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