Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) es, junto con Rosalía de Castro, la figura más influyente del Romanticismo tardío español, y su producción en prosa —las Leyendas— ocupa un lugar tan central en su legado como su poesía recogida en las Rimas.
Las Leyendas: entre el relato popular y la creación literaria
Las Leyendas de Bécquer se presentan habitualmente como transcripciones de relatos y tradiciones populares que el autor decía haber escuchado durante sus viajes por distintas regiones de España, aunque la crítica literaria coincide en que se trata, en realidad, de creaciones literarias elaboradas, que Bécquer construye con una prosa cuidadosamente poética a partir de esos materiales tradicionales como punto de partida, no como transcripción literal.
El monte de las ánimas: un ejemplo característico
Una de las leyendas más representativas de este estilo es El monte de las ánimas, ambientada en la noche de Todos los Santos, en la que se entrelazan un relato de amor entre primos —Alonso y Beatriz— y una antigua tradición local sobre un monte encantado, escenario de una batalla entre templarios y sus rivales cuyas almas, según la leyenda, regresan cada noche de difuntos. La estructura característica de estas leyendas becquerianas —un marco narrativo relativamente realista que envuelve un núcleo sobrenatural o legendario— es uno de los rasgos más reconocibles del estilo del autor.
Un romanticismo intimista, no grandilocuente
A diferencia del Romanticismo más exaltado y grandilocuente de la primera mitad del siglo XIX, la obra de Bécquer —tanto en prosa como en verso— se caracteriza por un tono intimista, melancólico y contenido, centrado en la evocación de atmósferas y estados de ánimo antes que en la acción externa. Este rasgo lo convierte en un puente literario entre el Romanticismo y el Simbolismo posterior, y explica su enorme influencia sobre generaciones posteriores de poetas en lengua española, entre ellos varios de los autores de la Generación del 98 y de la propia Generación del 27.
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