Comportamiento Organizacional

El comportamiento organizacional es el campo de estudio que analiza cómo se comportan las personas y los grupos dentro de las organizaciones, con el objetivo de comprender, predecir y, en la medida de lo posible, orientar ese comportamiento hacia un mejor funcionamiento tanto de la organización como de las personas que la integran.

Cuatro objetivos, no solo uno

El campo se organiza tradicionalmente en torno a cuatro metas complementarias:

  • Describir de forma sistemática cómo se conducen las personas en situaciones de trabajo concretas.
  • Comprender por qué las personas se comportan como lo hacen, más allá de la simple descripción.
  • Predecir la conducta futura de los empleados ante determinados cambios o decisiones organizacionales.
  • Influir, al menos parcialmente, sobre las actividades humanas dentro de la organización, mediante el diseño de políticas, incentivos y estructuras.

Tres niveles de análisis

El comportamiento organizacional se estudia habitualmente en tres niveles distintos, que interactúan entre sí: el individual (motivación, percepción, actitudes de cada persona), el grupal (dinámica de equipos, liderazgo, comunicación interpersonal) y el organizacional (cultura corporativa, estructura formal, procesos de cambio a gran escala). Un mismo problema —por ejemplo, una caída en la productividad— puede tener su origen, o requerir intervención, en cualquiera de estos tres niveles, lo que hace del diagnóstico correcto una parte central de la disciplina.

Por qué las organizaciones invierten en entenderlo

Comprender el comportamiento organizacional no es un ejercicio puramente académico: decisiones de gestión tan concretas como el diseño de sistemas de incentivos, los procesos de selección de personal, la gestión del cambio organizacional o la prevención de conflictos internos se apoyan, de forma explícita o implícita, en supuestos sobre cómo se comportan las personas dentro de una estructura organizativa —supuestos que esta disciplina se propone hacer explícitos y, siempre que sea posible, contrastar empíricamente en lugar de darlos por sentados.